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Nutrición

¿Por qué hoy en día la suplementación es (casi) una necesidad, y no una moda?

Dra. Carlota Balmaseda de Ahumada

Es una de las preguntas que más se escucha en consulta, normalmente formulada así: «¿de verdad necesito tomar suplementos? Mi abuela no tomó ninguno en su vida y llegó a los noventa años». La objeción es razonable y merece una respuesta seria, no un eslogan de venta. Vamos a desmontarla con calma.

La comparación que no funciona

El error de partida es comparar dos cuerpos —el de nuestra generación y el de nuestras abuelas— como si vivieran en el mismo entorno. No es así. No podemos medir la salud sin suplementación de nuestra abuela contra la nuestra porque las variables de fondo han cambiado casi por completo: la calidad del suelo agrícola, la forma en que se cultiva y transporta el alimento, el grado de procesamiento de lo que comemos, los ritmos de sueño, el estrés sostenido, la exposición a tóxicos ambientales, las horas bajo luz artificial y frente a pantallas, la poca actividad física y el sedentarismo.

Ninguno de estos factores es neutro para el organismo. Y todos ellos son relativamente nuevos en términos evolutivos.

Un dato que conviene poner sobre la mesa

Nuestras abuelas, generalmente, no llegaban a los noventa años. Hoy sí, con más frecuencia que nunca en la historia.

Eso también es adaptación —en parte gracias al mundo que nos rodea, con sus consecuencias positivas y negativas a la vez—. Vivimos más, pero vivimos expuestas a un entorno nutricional y ambiental completamente distinto al de generaciones anteriores.

No se trata de idealizar el pasado ni de demonizar el presente. Se trata de entender que cada época exige una adaptación distinta, y que la nuestra tiene sus propias exigencias.

Por qué la alimentación actual, por sí sola, no siempre cubre lo que necesitamos

Varios factores contribuyen a que, incluso con una dieta cuidada, existan déficits nutricionales reales y medibles en la población general:

  • Empobrecimiento del suelo agrícola. Décadas de cultivo intensivo han reducido la densidad de minerales —magnesio, zinc o selenio, entre otros— en muchos alimentos vegetales comparado con hace cincuenta años.
  • Cadenas de producción y transporte más largas. Cuanto más tiempo pasa un alimento desde la recolección hasta el plato, mayor es la pérdida de vitaminas sensibles a la luz, el oxígeno o el tiempo, especialmente vitamina C y algunas del grupo B.
  • Mayor grado de procesamiento alimentario. Gran parte de la dieta actual incluye alimentos ultraprocesados con alta densidad calórica y baja densidad nutricional: aportan energía, pero no necesariamente los micronutrientes que el cuerpo necesita.
  • Exposición solar reducida. El estilo de vida urbano y las jornadas en interiores han disparado la prevalencia de déficit de vitamina D, incluso en países con muchas horas de sol al año. La contaminación y los tóxicos también influyen en su baja síntesis.
  • Estrés sostenido y descanso de peor calidad. El estrés crónico incrementa el consumo de determinados micronutrientes, como magnesio y vitaminas del grupo B, y altera la capacidad digestiva y de absorción.

Entonces, ¿la suplementación es para todo el mundo, sin más?

No. Y este matiz es importante, porque es exactamente el punto donde se diferencia una suplementación seria de una suplementación de moda.

La suplementación bien indicada no es un capricho ni una tendencia de redes sociales. Tampoco es tomar lo que le funcionó a otra persona o lo que recomienda un influencer sin analítica de por medio. Tiene sentido clínico cuando responde a un déficit real, detectado y cuantificado.

Por eso, en Balms Care & Health no se plantea ninguna pauta de suplementación sin una analítica previa. No es solo una cuestión de seguridad clínica —evitar excesos, interacciones o suplementar algo que ya está en rango—, sino también de honestidad profesional: recomendar sin datos es adivinar, y adivinar no es medicina.

Cómo se nota —o no se nota— que una suplementación funciona

Un matiz que genera mucha confusión: la suplementación bien pautada normalmente no se nota cuando se toma. Se espera un efecto inmediato, un «chute» de energía o bienestar, y cuando no llega se concluye erróneamente que no funciona. Un suplemento no es un medicamento.

Un suplemento correctamente indicado y respaldado por una analítica está corrigiendo un déficit de fondo. Ese tipo de corrección se nota casi siempre por ausencia, no por presencia: se percibe cuando se deja de tomar y reaparece el cansancio, la piel empeora o el ciclo se descompensa de nuevo. Por eso la constancia importa más que la sensación inmediata y valorar una pauta exige seguimiento, no solo un inicio.

La idea central

No vivimos en el mismo entorno que generaciones anteriores, y eso no es ni bueno ni malo en sí mismo: es un hecho. La suplementación bien indicada —con analítica de por medio, sin comisiones comerciales y con revisión periódica— es una herramienta más para adaptarnos a ese entorno, no un sustituto de una alimentación cuidada ni una solución mágica.

Como con casi todo en salud, es mejor entender el porqué que rechazarlo o adoptarlo sin criterio.